Saturday, November 10, 2007

 

:::Tindaya:::

 

Más allá de los delirios esteticistas y las operaciones especulativas, la memoria y la magia encuentran todavía refugio en una planicie, el Llano del Esquinazo, que se extiende por la comarca de La Oliva, en el cuadrante septentrional de la isla de Fuerteventura. Hasta 400 metros sobre el nivel del mar, entre sus tierras doradas emerge un espectacular pitón fonolítico de traquita, la Montaña de Tindaya, fondeada a 28º 35’ 13’’ de latitud Norte y 14º 04’ 13’’ de longitud Oeste.

Aunque no suelen aflorar a la superficie durante las convulsiones magmáticas, la erosión ha dejado al descubierto esos materiales traquíticos ocultos por el volcán que los envolvía. Dotados de una resistencia y aspereza características, antaño convirtieron esta roca volcánica en un recurso muy apreciado para la confección de piedras de molinos y, en el presente, su extracción abastece la expansión predatoria del sector inmobiliario.

A las cualidades geomorfológicas y paisajísticas de esta eminencia piramidal, se le suman valores culturales y ecológicos aún más notables, que hacen de este enclave uno de los más hermosos e imponentes monumentos vivos del Archipiélago.

 

Picudas

En el estado actual de las investigaciones, sólo hemos podido fijar la datación antigua de esta voz en el primer tercio del siglo XVII. Un acuerdo del Cabildo, fechado el 18 de abril de 1623, ya requería a «los vecinos de Oliva, Cuevas Lajares, Costilla, Roque, Manta y Tindaya» para limpiar la fuente de Esquinzo [Roldán y Delgado 1970: 173]. En otras muchas ocasiones durante la centuria, la institución insular conminó a los habitantes de diversos caseríos para que procedieran al adecentamiento de los nacientes, caracterizando siempre el topónimo Tindaya como núcleo de población. También cuando la Audiencia dispuso en 1697 la ampliación de las tierras destinadas a la agricultura:

Se lee Provisión de la Audiencia sobre el acrecentamiento de rayas de vega y asimismo acuerdo de cabildo abierto de primero de Noviembre de 1696. La mayoría dijo convenía se conservasen las rayas en la forma en que se señalaron en dicho cabildo, ya que hay tierras bastantes fuera de las señaladas, para las criaciones, con tal que se dejen las serventías de entrada y salida a los lugares y los abrevaderos. Y piden a la Audiencia que permita conservar las rayas según han sido alargadas ya. Algunos vecinos de la Oliva y Tindaya dijeron que conviene que se conserve la raya alargada en dicho Cabildo abierto, y que es conveniente queden fuera de dicha raya las casas del lugar y sus serventías [Roldán y Delgado 1967: 158].

En suma, ningún dato lleva a considerar el enunciado Tindaya como la denominación original de la montaña que hoy recibe este nombre. Antes al contrario, parece haber adquirido el de la comarca o lugar donde está emplazada. Éste, a su vez, como sugiere la derivación Tindayejas, haría referencia a un objeto más o menos abundante o significativo en las localizaciones reseñadas. Álvarez Rixo [(1868) 1880: 42v)], Chil (1876, I: 451) y Castañeyra [(1884) 1991: 96] mencionaron esta forma híbrida, hoy en desuso: Tinday-ejas, que aparece alterada por la adición del sufijo castellano –ejas (de valor diminutivo o despectivo), nominaba un valle ubicado en Jandía, zona sur de la Isla.

Con estas referencias, el análisis lingüístico, sin llegar a producir un resultado categórico, ofrece una explicación muy razonable: ti-n_dday-a (f. pl.) revela una región ocupada por cierta planta de factura ‘puntiaguda’ o ‘puntillosa’. Construida sobre la misma raíz [D•G/Y] que el arma conocida en Canaria como amodaga, la acepción botánica del lexema se aplica en hablas del sur y sureste marroquí a plantas (hierbas y gramíneas situadas a menudo muy cerca del agua) que semejan a las ‘cañas’. Pero carecemos de informes más precisos que nos permitan obtener una concreción mayor.


Abrigo ecológico

Pero con aspecto ‘aguzado’ y ‘punzante’, aunque en absoluto con el porte de las cañas, habita en Tindaya incluso algún endemismo poco común, la chumberilla de lobo o cernúa (Caralluma burchardii), una hierba de tallos suculentos perfilados por cuatro ángulos, que bien pudo servir de base al topónimo.

Aunque –exclusivos de Fuerteventura– también se asientan otros endemismos botánicos, como el Aychryson bethencourtianum, muy amenazado de extinción, o el jorjado (Nauplius sericeus), junto a taghinastes, euforbias y más de una veintena de otras especies muy habituales en el ámbito macaronésico.

Con todo, Tindaya sirve todavía de refugio a numerosas especies animales, autóctonas y transeúntes, muchas de ellas tenidas por infrecuentes y vulnerables. Junto a la conocida tarabilla canaria (Saxicola dacotiae), un pajarillo insectívoro que ya casi sólo se encuentra en aquella isla, también residen de forma más o menos temporal otras aves en franco retroceso, como el camachuelo trompetero (Bucanetes githagineus), algunos cuervos (Corvus corax tingitanus) y unos pocos ratoneros canarios o aguilillas (Buteo buteo insularum), que en el pasado estaban presentes en todo el Archipiélago.

Huellas en el espacio

Ahora bien, la Montaña de Tindaya ostenta además un alto valor histórico, tallado en cientos de podomorfos que muestran la orientación pertinente para observar fenómenos astronómicos o meteorológicos, así como para la realización de ciertos rituales. Estas representaciones de pies humanos (naturalistas o figurativas), todas muy diversas y en su mayoría dirigidas hacia el poniente, se distribuyen por más de medio centenar de paneles agrupados en su tramo superior y casi una treintena de figuras sueltas, desaparecidas en la actualidad.

Una actividad humana que ha dejado otras improntas muy interesantes, algunas de ellas todavía inexploradas, como los tres poblados que aguardan una excavación definitiva en la base de la Montaña. Escenarios quizá tan fecundos desde el punto de vista arqueológico como las faldas próximas a las estaciones rupestres ya comentadas, donde se han localizado restos de cabañas u hogares, conchas pulidas, material lítico y cerámica, finamente confeccionada y ornada, propia de una funcionalidad más ritual que doméstica. Porque la dimensión mágica, atribuida incluso a la comarca inmediata donde se eleva Tindaya, vive para las gentes en las numerosas leyendas que circulan en torno a la Montaña de las Brujas y la actividad de fuerzas sobrenaturales.

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PODOMORFOS O LA HUELLA DE “LOS INVISIBLES”


 

José Carlos Cabrera Pérez.

La Laguna, 3 de mayo de 2000.


 


 


 

Entre las manifestaciones rupestres prehistóricas del Archipiélago canario sobresale, por su carácter figurativo y su naturaleza enigmática y sugerente, un motivo documentado con seguridad en las islas de Fuerteventura y Lanzarote, y no tan claramente en Gran Canaria, Tenerife o El Hierro: la representación del pie humano, más conocida en la literatura arqueológica como podomorfo.


 

Impresos en determinados afloramientos rocosos o hitos destacados del relieve de las dos islas más orientales, las siluetas de pie muestran su contorno rectangular, con trazos cortos y paralelos en uno de sus lados menores, que sugieren los dedos. Sus dimensiones medias –en torno a los 20 cm- y la frecuencia de grabados geminados alejan la duda en torno a su significado, aunque puedan aparecer reunidos en grupos de tres y cuatro inscripciones. En otros casos, la esquematización del pie humano reduce los podomorfos a sencillos rectángulos u ovoides -sin digitaciones-, que mantienen una agrupación por pares o en número superior.


 

El concepto de podomorfo se identifica de inmediato con la Montaña de Tindaya, tradicionalmente considerada como la montaña sagrada de los majos de Fuerteventura y escenario de relatos de brujas o de acontecimientos extraordinarios y sobrenaturales. En las cotas altas de este pitón traquítico se ha documentado un total de 213 grabados, en su mayoría correspondientes al motivo que tratamos. Localizados en paredes verticales, en bloques sueltos o en paneles horizontales del propio sustrato rocoso de la montaña, las siluetas de pie o su forma abstracta -rectangular o trapezoidal- están ejecutadas, salvo contadas excepciones, mediante la técnica del picado por percusión.


 

Los podomorfos de Castillejo Alto, en uno de los puntos culminantes del Macizo de Jandía, o los existentes en el Barranco de la Peña y en el poblado de Tisajoyre, en el Malpaís de la Arena, generalizan para otros puntos de la isla una simbología que se estimaba exclusiva de la montaña mágica.


 

El motivo se repite en Lanzarote, mereciendo destacar la denominada “Piedra del Majo”, con 14 de estas representaciones, íntimamente vinculadas a la célebre “Quesera de Zonzamas”, cuya forma singular ha merecido la consideración de recinto religioso. La cercana Peña del Conchero, en los Llanos de Zonzamas o la Peña del Guanche, en Femés, acogen igualmente figuraciones similares; a las que se han de añadir los magníficos ejemplos descubiertos en el dintel de entrada al Pozo de la Cruz, en San Marcial del Rubicón.


 

En Gran Canaria, además de las inscripciones rectangulares del yacimiento rupestre del Barranco de Balos, contamos con el valioso testimonio del cronista López de Ulloa, que, refiriéndose al “pino y a la fuente santa” de Teror, señala:


 

“… en este pino, en el medio del, según me an testificado testigos de vista, está una loza de piedra viva, y en ella están estampadas dos señales de pies…..se dice que al pie de este pino… había una fuente de agua de la qual lavándose los enfermos de qualquiera lepra o enfermedad que tubiesen, heran libres della”.


 

¿A qué obedece la presencia de este motivo en la Prehistoria canaria?; ¿qué significado tiene su localización masiva en Tindaya o su vinculación al santuario canario de Aterure?; ¿qué concepciones religiosas se esconden tras la ejecución de estos grabados?. Son muchos los interrogantes sin respuesta convincente para un tipo de representación rupestre ampliamente difundida en toda la cuenca mediterránea y que hunde sus raíces en la cosmovisión de las comunidades de la Edad del Bronce, mil quinientos años antes del cambio de Era.


 

Documentados en los agrestes oratorios del Norte de África, en los templos fenopúnicos del ecumene cananeo e, incluso, en los santuarios de ese gran crisol de credos que fue la religión romana, la esencia pagana de los podomorfos sería reinterpretada con el paso de los siglos, al compás del avance de las oleadas islámicas y cristianas en ambas orillas del Mediterráneo. Su asimilación a la huella del pie de Fátima, de la Virgen o de diversos santos y morabitos se repite en nuestro Archipiélago, cuando la religiosidad popular y la tradición oral mencionan el “Pie de la Virgen” en Barranco Azul o el “Pie de fray Juan de San Torcaz” en Río Palmas, ambos en Fuerteventura. La advocación mariana desarrollada a partir de los viejos cultos a la fuente y al árbol en el santuario de Teror es, quizá, el ejemplo más concluyente de su carácter mágico-religioso entre las primitivas culturas canarias y de los esfuerzos de cristianización acometidos por los misioneros que llegan a las islas a raíz de la conquista.


 

Innumerables han sido los intentos de interpretar el significado de estas manifestaciones rupestres. Desde los que le atribuyen una relación con algún ritual mágico no precisado o de carácter fecundativo, atendiendo a la agrupación de las figuras por parejas; hasta los que apelan a una simbología de índole social, como expresión de alianzas familiares o vínculos matrimoniales, en una evidente aplicación de los criterios utilizados para explicar el arte paleolítico. No faltan tampoco las hipótesis que defienden su posición como “marcadores”, que señalaban a los “sacerdotes” la colocación de los pies en los rituales de la lluvia o la de los reos en estos lugares donde, hipotéticamente, se impartía justicia.


 

La finalidad de señalar la entrada o el umbral de acceso a un recinto sagrado ha sido igualmente esgrimida, en conexión con un posible rito de purificación relacionado con el paso a un ámbito supraterrenal.


 

Pero la lectura de los podomorfos ha de realizarse desde una perspectiva más amplia y, sobre todo, inherente a lo que significan por sí mismos, debiendo entroncarlos con los viejos cultos y creencias mediterráneos. La veneración hacia divinidades, espíritus o genios inmateriales –los “Invisibles”-, que escogen como lugar de fijación la cima de determinadas montañas, las fuentes naturales o determinados árboles, que quedan consagrados como santuarios donde se les rinde culto, justifican la aparición de este tipo de inscripciones. Las huellas de pie constituirían la forma de representar iconográficamente a aquellas entidades sobrenaturales de naturaleza benéfica, con frecuencia los espíritus de sus antepasados, distinguidas por el don de la invisibilidad y actuando como intermediarios ante los dioses supremos en la solicitud de lluvias abundantes y de la munificencia de la tierra y del ganado.


 

Los recientes estudios de índole astronómico han establecido posibles orientaciones de los grabados de Tindaya hacia determinados hitos orográficos – el Teide o la isla de Gran Canaria -, así como hacia eventos astronómicos significativos: -solsticios, lunasticios, posiciones de algunas estrellas y constelaciones-, de los que se han derivado posibles vínculos con cultos astrales, en especial con la estrella Venus, imagen celeste de la diosa púnica Tanit.


 

No obstante, carecemos actualmente de una información arqueológica que permita aseverar la sincronía en la ejecución de los podomorfos en todo el Archipiélago, así como su adscripción a un sistema de creencias común a todas las islas, por lo que las explicaciones fehacientes sobre las motivaciones que llevaron a la realización de estas inscripciones siguen siendo tan intangibles como los seres cuyas improntas fueron plasmadas en la dura roca de Tindaya.


 

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COORDINADORA TINDAYA

Expolio en el monte sagrado
Sin el proyecto escultórico de Eduardo Chillida, ahora no estaríamos hablando de Tindaya y muy pocas personas sabrían qué valores alberga y por qué debe ser protegida esta montaña. No obstante, estimamos que la divulgación de esos valores ha quedado ensombrecida por la publicidad dada al proyecto escultórico y por la unánime aceptación que genera una figura tan relevante como Chillida.

La oposición a la ejecución de su proyecto, al menos la publicada, debemos reconocer que es minoritaria. Sin embargo, sabemos que la razón no se encuentra en función de la cantidad sino, fundamentalmente, de los argumentos.

Algunas de las personas que han manifestado su oposición al proyecto alegan la ausencia de valores artísticos innovadores. Otras, entre los que nos incluimos, estimamos, que, independientemente del valor artístico de la idea escultórica, su ejecución es absolutamente incompatible con la conservación de los valores naturales y culturales de la montaña de Tindaya. No se puede conservar una montaña consumiendo parte de la misma. Además, existe una incompatibilidad legal: la ejecución del proyecto escultórico se encuentra prohibida por la Ley de Espacios Naturales de Canarias (LENAC) y por la Ley del Patrimonio Histórico Español (LPHE).

Tindaya alberga valores naturales y culturales únicos en Canarias. Se trata de un espacio natural que encierra un alto valor científico por su origen volcánico, ligado a intrusiones traquireolíticas que han quedado al descubierto por procesos erosivos, un destacado valor paisajístico por su belleza, morfología, altitud y cromatismo, contiene un endemismo (Caralluma burchardii) y un relevante valor cultural que se concreta en un conjunto de más de 250 grabados podomorfos, un registro arqueológico, estructuras de piedras hincadas y enterramientos en solapones acondicionados y en estructuras tumulares.

En la base de la montaña existen diferentes yacimientos arqueológicos, todos ellos pertenecientes a la cultura aborigen de los Majos. Tindaya es, además, escenario de celebración de juegos, bailes y ritos mágico-religiosos atendiendo a la historiografía oral.

Todos los valores expuestos tienen pleno reconocimiento legal. Así, la LENAC le confiere a la montaña la categoría de Monumento Natural y la LPHE atribuye a sus grabados podomorfos la categoría de Bien de Interés Cultural (artículo 40.2), aunque dicha categoría de protección debiera extenderse al resto de los valores arqueológicos y etnográficos.

Además de ostentar esas dos figuras de protección, el Instituto Tecnológico Geominero de España tiene catalogada la montaña como Punto de Interés Geológico por su alto valor científico.

La aplicación de las dos categorías de protección citadas comporta una serie de limitaciones en los posibles usos de la montaña. La LENAC prohíbe en su artículo 27 todo uso que altere las condiciones naturales del espacio protegido y de sus recursos. La actividad extractiva y, en consecuencia, la ejecución del proyecto escultórico al pretender vaciar en parte la montaña supone, evidentemente, una modificación de las condiciones naturales de la misma, y la merma sensible de un recurso no renovable como la traquita.

No se puede plantear que la única forma de cerrar las canteras actuales es permitir la extracción de un mayor volumen de traquita a través del proyecto de Chillida. No se protege consumiendo el recurso que se pretende conservar.

En aplicación de la LPHE estimamos que la ejecución del proyecto y la continuación de las actuales canteras supone un acto de expolio tal y como lo define su artículo 4, al poner en peligro de pérdida o destrucción los valores culturales de la montaña. Se ha dicho que la ejecución del proyecto es compatible con la LPHE, pues en ningún caso afectaría a los grabados podomorfos. Tal afirmación sólo puede tener como origen confundir a la ciudadanía o, se basa en la más absoluta ignorancia de lo que es Tindaya.

Los grabados constituyen sólo uno de los valores de la montaña, que por sus características geomorfológicas, cromatismo, su ubicación en medio de un llano y su altura (408 metros sobre nivel del mar que permite divisar el Teide de Tenerife y el Pico de Las Nieves de Gran Canaria) la hacen única, y es el origen de las diferentes manifestaciones culturales que alberga, todas ligadas entre sí.

La relación de los grabados con Tindaya no es casual (no existen más montañas con ese conjunto de grabados) sino causal. La dignidad de los valores culturales de Tindaya exige conservar la montaña en su integridad, tal y como nos fue legada por las generaciones precedentes.

Por otra parte, no cabe entender la ejecución del proyecto de Chillida como un enriquecimiento de los valores de la montaña, porque eso sólo sería posible para un espacio carente de valores.

Hasta la fecha, el Gobierno canario no ha hecho público ningún informe que respalde la ejecución del proyecto. El único informe conocido es el emitido por la comisión de personas expertas creada por el Cabildo de Fuerteventura y presidida por el catedrático de Derecho Administrativo, don Ramón Martín Mateo.

Para dicha comisión no parece compatible el aprovechamiento minero de la Montaña de Tindaya (no olvidemos que el proyecto de Chillida es también un proyecto de extracción) con la conservación de sus valores naturales y culturales.

La conservación de Tindaya no admite excepciones, ni siquiera para el arte. Se afirma que el arte no puede estar condicionado a las leyes. Es posible, pero los artistas, incluido Chillida, se encuentran sujetos a las mismas leyes físicas, naturales y humanas que el resto de las personas.

Desde 1984 se vienen denunciando las extracciones en Tindaya por diferentes colectivos sociales. Desde 1987, la defensa de Tindaya es periódica y constante.

Agoname, La Vinca, El TEA, ATAN, la Federación Ecologista Ben Magec y otras asociaciones han participado activamente en esta lucha, a la que actualmente se han sumado o pronunciado, Greenpeace, GFN y BUND de Alemania, la CODA y 11 organizaciones ecologistas del País Vasco, así como la SEO/BIRD LIFE, WWF-ADENA, Fondo del Patrimonio Europeo, AEDENAT, la Asociación para la Defensa del Patrimonio Canario, el Institutum Canarium de Austria y la mayoría de las organizaciones ecologistas catalanas. Recientemente, los representantes de la Coordinadora Montaña Tindaya hemos presentado una denuncia ante la Comisión del Parlamento Europeo.

Esta montaña es agredida, por lo que merece y necesita la tutela y la protección del Estado ante la agresión que potencia y promueve el Gobierno de Canarias. Los valores que hasta hoy conserva Tindaya están condenados a desaparecer si los responsables de la Dirección General de Bellas Artes del Ministerio de Cultura no intervienen tal y como le hemos reiterado. La intervención que se proponga para Tindaya no debe vulnerar de ningún modo la identidad histórica de la montaña.

Estamos seguros de que el señor Chillida está de acuerdo con ello. Al contrario, la Dirección General de Bellas Artes desprecia los valores y hace caso omiso a su obligación de intervenir en un caso de expolio tal y como se lo venimos demandando un grupo de arqueólogos desde 1995.

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  • MARCADORES ASTRONÓMICOS DE CANARIAS: Se ha establecido la existencia en varias islas del Archipiélago Canario, pero sobre todo en Gran Canaria, de marcadores astronómicos de los Solsticios y los Equinoccios que parecen confirmar las Crónicas de la Conquista cuando éstas refieren la importancia de estas fechas dentro de los calendarios aborígenes. Entre los equinocciales podemos destacar los de Bentaiga, La Fortaleza y Arteara, en Gran Canaria, o el Tablero de los Majos en Fuerteventura y entre los solsticiales el de Cuatro Puertas en Gran Canaria o el de la Degollada de Yeje en Tenerife (Esteban et al. 1997 y 1996, Belmonte et al. 1994.)

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El científico del IAC Juan Antonio Belmonte cree que la construcción del monumento ideado por Chillida podría enviar “al garete” el patrimonio arqueológico de la montaña de Tindaya, en Fuerteventura, posiblemente el mayor yacimiento del mundo de grabados podomorfos y excepcional por su cantidad y belleza
EFE. La Laguna

Juan Antonio Belmonte, que comenzó a investigar los grabados de Tindaya en 1994, afirma que la montaña tiene suficientes valores como monumento natural, protegido por la Ley de Espacios Naturales, pues es el pitón traquítico más importante de Canarias, resto de una cámara magmática erosionada, pero también constituye un yacimiento arqueológico excepcional, por lo que está catalogado como Bien de Interés Cultural y protegido por la Ley de Patrimonio.

Belmonte explica, en una entrevista a Efe, que no sólo hay más de 200 huellas de pies o podomorfos, que califica de “espectaculares”, pues opina que se desconoce el hecho de que en el llano que rodea a Tindaya hay varios círculos de piedras o “esequenes”, antiguos santuarios aborígenes, uno de ellos con piedras planas a modo de asientos orientados hacia la montaña.

Además, este yacimiento “no es uno cualquiera” sino posiblemente el mayor del mundo de grabados podomorfos, pues en ningún otro sitio hay tantas huellas de pies esculpidas en el mismo lugar y con tanta belleza.

“La gente debería subir a Tindaya y ver la realidad en su lugar, porque los políticos han vendido la idea de que si se hace la obra de Eduardo Chillida aquello va a ser poco más o menos de la envergadura de la torre Eiffel, con grandes cantidades de turistas que vendrán a la isla a ver la obra”, afirma.

A su juicio, se debería explotar lo que “ya hay” en Tindaya y hacer un buen centro interpretación de la cultura aborigen, con excursiones con guía para ver los podomorfos, incluso nocturnas porque con luz lateral de una linterna es cuando mejor se perciben las huellas.

El investigador se muestra absolutamente seguro de que estos grabados llamarían más la atención a los turistas que la obra de Chillida, y añade también que “nadie puede creerse que no se va a tocar la montaña” en los trabajos de construcción del monumento.

En su opinión, es imposible que las máquinas no destrocen los restos arqueológicos, a lo que se añade el hecho de que los geólogos sostienen que la montaña no aguantará la excavación, pues la piedra de la que está formada, la traquita, forma prismas inmensos que se podrían desprender con facilidad de un techo plano y para que resista el hueco proyectado por Chillida habría que forrar toda la estructura interior de hormigón armado.

Este patrimonio se va a ir “al garete”, advierte Belmonte, quien se pregunta qué se habría dicho en Cantabria si a Chillida se le hubiese ocurrido hacer una escultura dentro de las cuevas de Altamira.

El científico del Instituto de Astrofísica de Canarias descubrió en sus investigaciones que la mayoría de los podomorfos de Tindaya no están distribuidos aleatoriamente sino que siguen un patrón, pues están orientados fundamentalmente hacia el sudoeste.

Además, el centro del lugar donde hay mayor concentración de grabados se corresponde exactamente con la puesta del Sol en el solsticio de invierno, lo que parece indicar que la orientación tiene una motivación astronómica, aunque en esa dirección también se puede ver la isla de Gran Canaria y el pico del Teide, en Tenerife.

Asimismo parece haber una conexión probable entre la orientación de los grabados, la posición de los crecientes lunares, el planeta Venus como Estrella de la Tarde y la llegada de las lluvias invernales.

Quizás la visión que interesaba a quienes esculpieron los podomorfos era la de que se orientasen de tal manera que se pudieran combinar la visión de una montaña lejana en el horizonte, el creciente lunar y las estrellas como símbolo de alguna divinidad.

Probablemente la montaña de Tindaya fuera sagrada por estar dedicada a esa cierta divinidad y los aborígenes subieran a ella en fiestas especiales, posiblemente para hacer rituales para atraer la lluvia, a los que estaría asociada la orientación de los podomorfos.

Las huellas de pies son símbolos atávicos de los que se desconoce exactamente su significado y que se encuentran en varias zonas del mundo, pero en ningún sitio “con tanto predicamento” como en la montaña de Tindaya, en Fuerteventura.

También hay podomorfos en la peña del Majo, en Lanzarote, y en el Valle de San Lorenzo, en Tenerife, pero en mucha menor cuantía.

Para encontrar estaciones de podomorfos tan impresionantes como la de Tindaya hay que dirigirse al norte de Africa, explica Juan Antonio Belmonte.

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Convocatoria diseño Tindaya

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Proyecto Tindaya

“Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia.

Un día surgió la posibilidad de realizar en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería vsible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente…

El apoyo dado por el Gobierno de Canarias a la idea escultórica reforzó mi ilusión. Creí que la obra no suscitaría controversia en el pueblo canario, al que pensé donar la escultura y mi trabajo en ella. Pero he comprobado que el proyecto escultórico despierta en muchos, resquemores y suspicacias imprevistos, una oposición dificil de evaluar ahora en su verdadera importancia, pero suficiente para mermar mi entusiasmo hasta desistir dela realización de la obra. Sin embargo creo que sería muy positivo mostrar al pueblo canario y a todo el mundo en una exposición de maquetas y dibujos lo que se pretendía hacer en Tindaya.

La escultura está concebida como un monumento a la tolerancia, como he dicho, y es una obra para el pueblo canario. No deseo, pues, que sirva como elemento de división, y menos aún como piedra de escándalo arrojada en luchas políticas, que no comprendo, y en las que no deseo verme envuelto.

Sólo me interesa el debate artístico, que lamentablemente no se ha producido. No he oido ni leido ninguna crítica desfavorable de la escultura que haya sido realizada por alguien que verdaderamente conozca el proyecto. Pero se que algunas personas que lo desconocen han afirmado que la obra destrozaría la montaña, cuando mi obra lo que quería era salvarla.

Quizá la utopía no pueda ser nunca realidad. Quizás otros lo consigan en otro lugar. O quizás la escultura, ese espacio amplio y profundo, accesible a la luz del sol y a la luna, lugar de encuentro de los hombres, pueda llegar al corazón de la Montaña Sagrada de Tindaya.”

Declaración de Eduardo Chillida enviada a la Prensa en Julio de 1996.

MONTAÑA TINDAYA, EL PROYECTO:

La montaña Tindaya se encuentra en el paraje llamado Llano de Esquinzo, en el ángulo sudoeste del término municipal de La Oliva (Fuerteventura) a 5 kilómetros de la línea de costa, muy cerca de Montaña Quemada.Tindaya es una elevación aislada y de difícil acceso con una longitud de 700 metros en su lado más ancho y una altura de 401 metros sobre el nivel del mar,la montaña Tindaya se define como un lacolito de traquita con una antigüedad de doce millones de años.

La realización del Proyecto Eduardo Chillida - Montaña Tindaya supone la creación de un área de protección de 5 km. entorno a la montaña y también de toda la superficie que va desde ésta hasta el mar.

Desde el punto de vista conceptual, el proyecto escultórico planteado por Chillida está concebido como una obra sin materiales, un lugar interior en el que el artista se plantea no ya extraer la piedra de la montaña, sino introducir el espacio y la luz en su seno. Esta concepción de obra sin materiales surge en la producción de Chillida en los años 70 cuando ilustra el libro de Jorge Guillén “Más Allá”. Uno de sus versos, “lo profundo es el aire”, inspira al artista una serie de grabados sin tinta, donde la imagen queda impresa mediante el sello seco. Posteriormente, bajo el mismo título crea un total de 16 obras en alabastro, granito y acero. También el Caserío de Zabalaga, sede del Museo Chillida-Leku, fue transformado por él bajo la misma idea matriz de meter el espacio en el interior de un volumen preexistente.

El proyecto de Tindaya comparte además otro aspecto presente en la obra de Chillida: la unión de arte y naturaleza. Es algo que encuentra antecedentes en esculturas como El Peine del Viento, ubicada en San Sebastián, o Elogio del Horizonte, en Gijón; ambas ideadas y creadas para su emplazamiento en contacto con el medio natural.

El espacio interior de Tindaya.

La realización del proyecto de Chillida para Tindaya crearía un gran espacio interior en la montaña. El conjunto de la escultura ocuparía un 0,3 por ciento del total. Aunque su concepción es unitaria, con ánimo descriptivo podrían señalarse en ella los siguientes elementos: cámara central, embocadura horizontal y embocaduras verticales.

La cámara central es una cavidad de forma cúbica pero sin ángulos rectos. Podría llegar a medir unos 50 metros de arista, aunque las dimensiones definitivas quedarán determinadas en función de los estudios geológicos y geotécnicos, y de la distribución de los diques basálticos o posibles discontinuidades en el interior de la montaña.

La embocadura horizontal está orientada al oeste; es decir: mirando al mar. Tendrá una longitud aproximada de 70-80 metros y una altura y anchura de unos 15 metros. La base de esta embocadura se encontrará a un nivel inferior al de la cámara central, de modo que las personas que transiten por ella no penetren en el campo visual de quienes contemplan el horizonte desde el interior.

Las embocaduras verticales tendrán una longitud de unos 50 metros desde la parte superior de la cámara hasta una cota próxima a la cima de la montaña. Son las embocaduras del sol y la luna. A través de ellas se iluminará con luz natural (solar y lunar) la cámara central. Están encajadas en las esquinas superiores opuestas a la entrada. Estas dos aberturas afloran a la superficie de la montaña, una en la vertiente norte y otra en la sur. Estarán a ras de suelo, sin ningún elemento externo que denote en la distancia su presencia ni modifique el paisaje.

Los visitantes podrian penetrar en la escultura por la embocadura horizontal. Desde la cámara central se podria ver el sol o la luna por las embocaduras verticales y el horizonte y el mar a través de la entrada. Como la base de la cámara superior estaria a un nivel superior al de la embocadura horizontal, que sirve de entrada, las personas que transiten por ella no entorpecerán, como ya se ha dicho, la contemplación del horizonte desde el interior. A lo largo del día, la incidencia de los rayos del sol va cambiando el aspecto de la escultura, creando un paisaje interior distinto.

El 24 de mayo de 1995, el Gobierno de Canarias declaró de interés para Canarias, con especial relevancia para Fuerteventura, la elaboración del Proyecto Eduardo Chillida-Montaña Tindaya ideado por el escultor.
La valoración del proyecto tuvo en cuenta aspectos:

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Elguanchepress, 24-8-03

MONTAÑA SAGRADA DE TINDAYA

La Especulación de nuestro territorio parece no tener fin ante la desmedida ambición de los carroñeros insaciables que continuamente nos sobresaltan con sus sesudas propuestas. El caso que nos ocupa se inició con la propuesta del desaparecido escultor Chillida, que el mismo reconoció haber tenido que retirar una de sus esculturas de una plaza pública en Donosti ante las incesantes protestas de los vecinos que no soportaban la esperpéntica imagen.

No se sabe aún por qué diabólica maldición se encaprichó con la Sagrada Tindaya, pero probablemente por dos motivos principales:

  1.  

  2. Por la importancia de los podomorfos allí gravados por nuestros mahos, los mejor conservados de todo el noroeste africano, lo que le daría notoriedad artística, no tanto por el vaciado especulativo de la montaña para ver la luna y el sol a través de las ventanas de un cubo excavado en su interior, cuando disponemos en Canarias de unos excelentes telescopios para ver, no ya estos dos imponentes astros, sino lejanos cúmulos galácticos y otras maravillas del Universo, sino notoriedad decimos por la obra realizada por nuestros antepasados, cuyos espíritus no estarán solos en la defensa de la Montaña y de nuestra cultura ancestral.

     

  3. Por la calidad y belleza de la traquita que como roca volcánica forma la Montaña, filón al que los insaciables depredadores de la destrucción, perdón, de la construcción, no están dispuestos a renunciar, motivo por el cual ahora pusieron al frente de las prospecciones geológicas a un arquitecto, apellidado Fernández-Ordóñez.
Queremos llamar a todos nuestros compatriotas, que luchan por la defensa ambiental de Canarias y por nuestras señas culturales para que se movilicen en todo el Archipiélago, pues hasta ahora se han limitado a cartografiar la Montaña con satélites, eso sí, americanos y por compañías inglesas, para impresionar, pero a partir del próximo mes de septiembre, porque estos son claramente alumnos de septiembre, comenzarán lo que denominan”pinchazos” de la montaña, siendo hora ya de que dejemos oír nuestra voz en cada rincón de esta tierra. Eso “pinchazos”, de producirse deben provocar el grito de los alzados allende los mares, hasta la misma sede de la UNESCO, para defender nuestro sagrado patrimonio.

 

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Tindaya: la cuenta atrás

Antonio Miguel Torres

Lo reconozco: soy un ingenuo. Anidaba en mí la esperanza de que, después de tanta presunta corruptela y de tanta chapuza administrativa, el proyecto de Chillida terminara por olvidarse. Pero no: siguen adelante y parece que, salvando obstáculos, se saldrán con la suya. Y es una tragedia, una auténtica tragedia, porque de la realización del citado proyecto la única conclusión posible es que ya no tenemos nada a salvo en Canarias. Nuestros políticos están colocando a estas ínsulas en una situación de tanta indefensión, que hasta que no destruyan cada rincón del medio en que vivimos no respirarán tranquilos. Por eso, Tindaya aparece como el penúltimo capítulo de una novela holocaústica que, día tras día, no dejan de escribir los depredadores afincados en la política canaria.

Y lo peor de todo, es que este tipo de actuaciones no es un fin en sí mismo, sino que obedece a un interés mucho más terrorífico: se trata de conseguir que los canarios perdamos todas nuestras raíces y señas de identidad para, de esta manera, quedar convertidos en apátridas en nuestra propia tierra. Así ha ocurrido en todos los países colonizados del mundo, y así está ocurriendo en el nuestro. Para ello, permiten que nos invada tal cantidad de inmigrantes (principalmente de España), que las islas se ven arrastradas a una sobreexplotación de sus recursos difícil de soportar. De ahí que se dediquen a fomentar que no quede libre de cemento rincón alguno en Canarias, y repartan entre sus esperpénticos cómplices de los ayuntamientos de las islas las armas legales necesarias para la consecución de tal fin. Pero saben que esto no es suficiente. Han tenido claro desde el principio que lo que deben evitar para que los canarios no nos rebelemos en defensa de nuestro país, es que lo amemos profundamente. Y, claro, la mejor manera de hacer anidar en nosotros tamaño desamor, es permitir que las islas se conviertan en un basurero (¿quién siente apego por algo así?).

Por esto, una vez puestos en marcha los mecanismos legales necesarios para la total aniquilación de nuestro presente, han acometido la labor de destrucción de los vestigios de nuestro pasado. Y lo hacen tanto por acción, como por omisión. Por omisión (y ya centrados en el asunto de Tindaya), tenemos el hecho de que, cuando el Cabildo majorero presupuestó en 21 millones de pesetas las obras para el adecentamiento de la estación rupestre de la montaña y prepararla para poder recibir visitantes, el Gobierno de Canarias nunca les dio una perra. Por acción, porque ya directamente se han hecho cargo ellos mismos (sin magua ninguna) de destruir esta montaña sagrada.

Enfrascados en tal noble causa, han recurrido a toda esa clase de chanchullos e indecencias en las que se mueven como pescaditos en el agua. Porque, ¿cómo no catalogar de indecente que los políticos destruyan Tindaya y, sin embargo, cuando un pastor se acerca con sus cabras por esas inmediaciones, le mandan a la Guardia Civil alegando que no se puede mover ni una piedra en un espacio protegido? (¡qué cinismo!). Habría que decirles que ese pastor, en su modus vivendi heredado de sus ancestros Mahos, ejerce todas sus acciones en total armonía con el medio en el que vive. En cambio, de los miembros del Gobierno de Canarias, lo único que puede afirmarse es que obran de la misma manera que lo hicieran los castellanos a su llegada a las Islas, esto es, sembrando la destrucción a su paso (la Historia se repite despiadadamente).
Por todo lo expuesto hasta aquí, lo que le suceda a Tindaya no puede ser juzgado como un simple sorribe, sino más bien como un salto cualitativo hacia delante de la política que, los vasallos de la metrópoli, están llevando a cabo en todas las instituciones públicas de Canarias. Y sigo afirmando: en nuestro país ya no hay nada a salvo. Ante esto, ante tanta indefensión, sólo nos queda invocar a las ánimas que moran en la montaña Sagrada de Tindaya, para que despierten de su sueño en el momento en que empiece a ser profanada y, espoleadas por un Acorán enloquecido, nos regalen el gratificante espectáculo de un derrumbe de teniques sepultando a los agresores.

Santiago CalatravaComo apostatarJody WilliansShirin EbadiRihannaPamela AndersonPolicia BenicassimMero PanchoBofeton a tiempoKim Dae JungJohn HumeGrandes pintoresOrhan PamukMartin EvansMartires del siglo XXCatedral de LeonFernando AlonsoCatedral de OviedoCueva de Altamira

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Mt Tindaya   © Arup

La vista desde Tindaya

Proyecto Montaña Tindaya, Eduardo Chillida

Fecha de inicio: 2003 |

Tras años de búsqueda del sitio ideal para su visión escultórica, Eduardo Chillida, uno de los escultores españoles más prestigiosos, descubrió la montaña Tindaya en la isla de Fuerteventura. Se dice que Chillida exclamó: “mi escultura desea esta montaña, es hora de saber si la montaña desea mi escultura”. Esto es lo que Arup pretende determinar.

Arup fue designada para dirigir el diseño técnico del “espacio tallado” previsto por Chillida en el interior de la montaña, cuyas dimensiones son de 45m x 50m x 65m, una de las grutas subterráneas más grandes jamás construidas y la única de su tipo con un techo de roca plana.

Mt Tindaya - carved space   © Arup

En la montaña se abrirán unos pozos de luz para iluminar el espacio interior.

La fase 1 consistió en el estudio de viabilidad. Ahora acabamos de concluir una investigación intrusiva detallada como parte de la fase 2, incluyendo la gestión de la cartografía geológica, supervisión de la perforación con corona de diamante, permeabilidad in situ, ensayos de resistencia y rigidez mediante técnicas mecánicas y geofísicas, y un programa completo de ensayos de laboratorio. Los datos obtenidos servirán de apoyo a las siguientes fases del diseño.

En agosto se emitirá un informe con los resultados de los 14 sondeos de hasta 170m de profundidad realizados durante las investigaciones geológicas de la fase 2. Posteriormente, Arup emitirá un informe interpretativo sobre el diseño e ingeniería de la escultura.

La montaña Tindaya es impresionante no sólo por su forma sino por la resistencia y dureza de su roca, lo cual supone un reto especial para la ingeniería. La visión de Chillida de que la escultura debe parecer “tallada” a partir de la roca, descarta el diseño y construcción convencionales de una bóveda arqueada y techo suspendido. El requerimiento artístico de dejar expuesta la superficie de la roca imposibilita también la aplicación de otras tecnologías de diseño tradicional como un revestimiento de hormigón para el interior de la gruta.

Además de los retos de diseño e ingeniería que presenta la montaña Tindaya, también los requerimientos medioambientales y de preservación determinan los métodos de diseño y construcción aplicables.

El entorno seco y semidesértico es frágil, y presenta un delicado equilibrio de flora y fauna. La montaña Tindaya entraña a su vez una significación arqueológica, con la presencia de antiguos grabados petroglíficos en su superficie, vinculados a imágenes similares encontradas en montañas sagradas del norte de África.

En aras de proteger el frágil entorno de la montaña, se realizó un uso extensivo de helicópteros para el transporte de personas y materiales desde y hasta las zonas de perforación. Asimismo, los estudios geológicos fueron planificados de manera que tuvieran lugar durante la época de anidamiento de las águilas residentes en la montaña, a fin de garantizar una perturbación mínima sobre estas especies protegidas.

Está previsto que los trabajos de construcción comiencen en 2007 y concluyan en 2010.

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