Thursday, December 14, 2006

Solos contra la corrupcion

Ante el vergonzoso auto judicial en el que acuerda el “sobreseimiento provisional de las actuaciones y su archivo …”del proceso seguido por el caso Tindaya, en el que se intenta demostrar que no ha existido delito alguno en la escandalosa “desaparición de casi dos mil millones de las antiguas pesetas, concedidas, por la empresa Proyecto Monumental de Tindaya (PMT S.A.), vinculada al Gobierno de Canarias a través de la empresa pública SATURNO, a la empresa FCC-NECSO, para el pago de “gastos de estudio e implantación” , es decir, para la realización de estudios geotécnicos que demostraran la viabilidad de la obra de Chillida.

Ben Magec-Ecologistas en Acción ha presentado RECURSO DE APELACIÓN, contra dicho auto, por entender, que no sólo ha existido un gravísimo desfalco al erario público, sino porque existen claras responsabilidades, no sólo técnicas, sino políticas. En este largo culebrón, el Gobierno de Canarias (que inició el procedimiento judicial), se ha retirado del tema así como el PSOE, por lo que, una vez más los ecologistas nos quedamos solos en la defensa, no sólo del esclarecimiento de un grave escándalo político y económico, sino en la defensa de uno de los espacios naturales y arqueológicos más importante de Canarias. El compromiso con la verdad, la dignidad y la defensa de nuestro territorio esta por encima de estos cambalaches. Una vez más proponemos que se retiren lo más honrosamente que puedan de ese proyecto (del que sólo existe una idea y una maqueta y que nos ha costado, ya, cerca de cuatro mil millones de pesetas) y que se busquen propuestas alternativas para esa espectacular montaña, que proteja sus grabados y yacimientos y su verdaderos valores naturales y paisajísticos y para que se dé curso a la Normas de Conservación , recientemente redactadas, y secuestradas injustificadamente.

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La escultura en negativo

Tindaya : la escultura en negativo
Artifex - © 2003
 

(http://personal.redestb.es/varm/Chillida.htm. Notas Miguel Ramis)

El último gran proyecto, producto de esta concepción del espacio, es la realización de un gran cubo dentro de una montaña, como ya había expresado en su escultura de alabastro «Montaña Vacía».
La inspiración le surge, según el propio Chillida, una noche de insomnio, en donde empieza a concebir la idea de llevar a cabo ese vacío de una montaña, de una montaña real, como ya había experimentado en su escultura. A través de una entrevista en Francia en 1985, su nuevo proyecto sale a la luz, presentándoses varias posibilidades en Sicilia, Suiza o Finlandia, aunque las condiciones de las propias montañas propuestas le hace rechazar las mismas.

Sin embargo, no abandona este proyecto que, como si fuera una obsesión, piensa y repiensa constantemente estos últimos años. Así, acoge con gran alegría la comunicación de su principal colaborador, el ingeniero José Antonio Fernández Ordóñez, sobre la existencia de una montaña en Fuerteventura que podría cumplir sus ideas, máxime cuando, en la misma montaña ya existía una explotación minera, una cantera de piedra, lo que permitiría vincular su vaciado de la montaña con una rentabilidad económica de todo el proyecto (o al menos, una reducción de los costos que tal intervención supondría).

Tras estudiar la montaña, recibió en 1994 el encargo oficial por parte del Gobierno Autónomo Canario, para la realización de dicha obra, lo que supone el respaldo oficial a su intervención. Posteriormente, en 1996, el propio Gobierno Autónomo declaró esta obra de “Interés Para Canarias” entendida como un elemento dinamizador cultural y económico para el Archipiélago.


Notas: Lo interesante de este proyecto no es si la escultura finalmente se hará o no sino destacar el proceso por el cual se desarrolla:

1) Una idea creativa, que es expresada a escala, como si se tratara de una maqueta o una tentativa. En este caso, una escultura. A menudo la visión personal encuentra grandes dificultades para despertar el interés participativo. Una maqueta permite a los demás hacerse una idea del proyecto en 3 dimensiones (no todo el mundo tiene desarrollada la capacidad espacial de ver mentalmente figuras tridimensionales).

2) La maqueta permite al artista explorar la técnica, las proporciones y el resultado estético.

3) Un apoyo mediático para que la idea se dé a conocer: las soluciones pueden venir de los sitios más inesperados: en este caso, nada menos que de 3 países (Italia, Suiza y Finlandia)

4) El artista renuncia a emprender la obra aún cuando tiene varias opciones para ello. No es bueno hacer nada a menos que se esté completamente seguro de ello. Ni apresurarse.

5) Finalmente, surge una alternativa que reúne una serie de características:
Es en Canarias: los visitantes dejarán dinero en el país
El clima es seco y soleado: no habrá grandes problemas con filtraciones de agua ni drenaje
En la montaña hay una cantera: El impacto ecológico ya se ha realizado. El proyecto permite continuar la extracción de piedra esta vez sin afectar al paisaje. La piedra es apta para su venta: la propia extracción financiará la obra

6) El gobierno autonómico entiende la promoción que una obra tal puede representar para la comunidad. A los beneficios en términos de promoción turística, imagen de preocupación ecológica y económica se suman los de un nuevo punto de interés turístico, es decir, una nueva fuente de ingresos.

A la hora de planificar una propuesta o un proyecto hay que tener en cuenta todos estos elementos si se quiere conseguir apoyo político, económico y mediático. Un proyecto bien madurado, políticamente vendible a la prensa y que obtenga financiación y apoyo tiene muchas posibilidades de cuajar.

Quedan todavía problemas de tipo práctico: que a partir de un cierto momento el estado de la montaña desaconseje la continuación de la obra. Probablemente no poder utilizar explosivos y por tanto, tener que utilizar máquinas de corte, con problemas de ruido y ventilación… eventual falta de apoyo político en caso de cambio de color en el gobierno autonómico, etc., etc. Es decir, que aún habiendo efectuado una buena planificación, existen una serie de imponderables que hacen que cada proyecto solo se cierra cuando está terminado. Si queréis seguridad, buscad un trabajo fijo…

En este caso, la idea es brillante: Se reconvierte una montaña en explotación en un centro de atracción de turistas, que durante el tiempo que duren los trabajos sigue funcionando como cantera y por tanto, dando trabajo a los mismos trabajadores o incluso más. Una vez finalizada, crea puestos fijos de trabajo (guías, vigilantes…) y es incluido en el circuito de excursiones para turistas. La polémica entre detractores y partidarios favorece la difusión de la idea y probablemente traiga algún nuevo apoyo, quizás un propietario de una mina que quiere donar unas maquinas obsoletas…

Miquel Ramis 2004

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Archivado

La Justicia archiva el ‘caso Tindaya’ de manera definitiva

La Audiencia Provincial de Las Palmas ha decidido archivar de manera definitiva el llamado caso Tindaya, tras desestimar el recurso de apelación interpuesto por la Asociación Ecologista Ben Magec contra un auto del juzgado de instrucción número 4 de Las Palmas de Gran Canaria de 2 de abril de 2004, que a su vez archivaba la querella interpuesta por el Gobierno de Canarias.

JULIO CRUZ. Las Palmas de Gran Canaria

Los ecologistas, que recurrieron el auto que archivaba provisionalmente una querella criminal del Ejecutivo autonómico de Canarias contra varias empresas privadas, estiman que los hechos son constitutivos de un delito de malversación de fondos públicos, considerando, según reza la resolución de la Audiencia, “que un dinero que estaba destinado a una finalidad aprobada por el Gobierno de Canarias y estipulado en contrato, se sustrae para pagar a un tercero un negocio privado anterior”.

Ben Magec entiende que 1.960 millones de pesetas fueron estipulados para pago de gastos de estudio e implantación en virtud de contrato suscrito entre las empresas PMMT SA y FCC-NECSO, y que dicho pago se efectuó por PMMT SA NECSO aún a pesar de que tales trabajos no se hubiesen realizado por ésta. El “verdadero destino” de 1.650 millones de pesetas era el pago a Canteras Cabo Verde SA, por un contrato suscrito con FCC-NECSO. La organización recurrente, los ecologistas, considera que un dinero que estaba destinado a una finalidad aprobada por el gobierno de Canarias y estipulada en contrato, se sustrae para pagar a un tercero un negocio privado anterior.

Sin embargo, la Sección Primera de la Audiencia Provincial de las Palmas no observa delito de malversación de caudales públicos, ateniéndose al artículo 432 del Código Penal. Y apunta: “El hecho de que el Gobierno autónomo participe económicamente en una determinada empresa mercantil no implica que esa empresa sea pública, y que los cargos de gestión y administración de la misma tengan tal condición”, añadiendo igualmente que el capital objeto del referido contrato, aunque estaba avalado por la comunidad autónoma, no era un capital público, sino privado.

El auto judicial señala que los 1.960 millones de pesetas objeto del contrato no son entregados por el gobierno de Canarias, sino que éste avaló hasta un máximo de 3.000 millones de pesetas un crédito otorgado por entidades bancarias a PMMT SA.

Tampoco hubo estafa

La Sala, que desecha también los delitos de administración desleal y apropiación indebida, se refiere también en este sentido a la estafa, subrayando que este tipo penal exige la existencia de un engaño. Así, si en el contrato de 24 de febrero de 1999 entre la pública Proyecto Monumental de Tindaya SA y Nexo Entrecanales y Cubiertas SA, Jaime Rodríguez Cíe, entonces secretario general de la consejería de Turismo, representaba a la administración pública, el Ejecutivo regional “era perfecto conocedor del contenido de dicho contrato y de su clausulado, por lo que no cabe predicar que se ocultara al mismo, en un acto de maquinación fraudulenta, cláusula alguna que persiguiera que la Administración realizara un acto de disposición patrimonial”.

Por todo lo anterior, la Audiencia ha decidido desestimar el recurso de apelación alzado por Ben Magec y le condena al pago de las costas procesales.

El Proyecto Monumental de la Montaña de Tindaya, en el municipio de La Oliva, en el norte de Fuerteventura, sigue adelante y consiste en la creación de un espacio artístico en el interior de la montaña majorera, obra ideada por el escultor vasco ya fallecido, Eduardo Chillida.

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Proyecto

PROYECTO TINDAYA

Uno de los mas grandes escultores de nuestro tiempo, Eduardo Chillida , encontró en Fuerteventura el lugar que, durante muchos años, había estado buscando por todo el mundo para realizar la gran obra de su vida. • Buscaba el escultor, através de su creación, la realización de una obra que transmitiera los rasgos de lo primigenio y lo esencial, que encerrara la frialdad de las formas en el calor de la tierra y al tiempo entroncara al hombre con elementos de la naturaleza como el sol, la luna y el mar.

                                                                                                              

• La idea de Chillida va a permitir a Fuerteventura contar, para siempre, con una obra artística de categoría internacional. El creador de Lugar de Encuentros y del Peine de los Vientos va a situar en el interior de la Montaña de Tindaya una obra que será el resumen de toda su creación, una obra que será necesraio conocer y analizar para valorar el conjunto de su producción artística.

• De esta manera, la Isla de Fuerteventura contará con un atractivo cultural que enriquecerá a la propia Isla y al Archipielago Canario. ese monumento será un polo de atracción que se sumará alos ya existente, que hacen de Maxorata una de las islas de mayor proyección turística en la actualidad.

• De idéntica forma que los Jameos del Agua, Las Cañadas del Teide, Las Dunas de Maspalomas, el Parque de Garajonai, la Caldera de Taburiente, el Valle del Golfo son elementos singulares de cada una de sus islas en los que se encuentran, el Proyecto Monumental de Montaña Tindaya será para Fuerteventura un símbolo cultural que se unirá a los recursos naturales y paisajisticos del patrimonio majorero.

El 24 de mayo de 1.996 el Consejo de Gobierno de Canarias declaró de “Interés para Canarias” el proyecto de Eduardo Chillida para la Montaña de Tindaya. Este proyecto constituye una de las iniciativas de política turístico cultural más importantes llevadas a cabo en las últimas décadas. El proyecto tiene una honda repercusión en distintos aspectos:

                                                                                                         

  • Artístico.Por tratarse de una obra de culminación en la carrera de Eduardo Chillida, considerado internacionalmente como uno de los cinco escultores vivos más importantes del mundo.
  • Turístico.Porque la existencia de una escu ltura monumental de estas características en el entorno de un importante destino internacional como es Canarias, sirve de elemento dinamizador de un tipo de turismo muy importante para el archipielago.
  • Social.Porque el polo de desarrollo que supondrá la realización del monumento dentro de un entorno protegido beneficiará socio-económicamente a las localidades de su alrededor, promoviendo la creación de servicios y generando empleo.
  • Ecológico.Porque la realización de la escultura supone una solución de punto final para las extracciones superficiales (canteras) que desde hace largos años han venido desarrollando una actividad legal y autorizada, pero que iba en detrimento de un entorno natural ahora protegido.                                           

Descripción

La realización del proyecto de Chillida para Tindaya crearía un gran espacio interior en la montaña. Aunque su concepción es unitaria, con ánimo descriptivo prodrían señalarse en ella los siguientes elementos:

  • Cámara central.Cavidad de forma cúbica pero sin ángulos rectos. Podría llegar a medir 50 metros de lado, aunque las dimensiones definitivas quedarán determinadas en función de los estudios geológicos que establezcan la distribución de los diques basálticos o posibles fisuras en el interior de la montaña.
  • Embocadura de entrada. Está orientada al Oeste. Tendrá una longitud aproximada de 70-80 metros y una altura y anchura de 15 metros. La base de esta embocadura se encontrará a un nivel inferior al de la cámara central, de modo que las personas que transiten por ella no pentran en el campo visual de quienes contemplan el horizonte desde el interior.
  • Embocaduras superiores.Tendrán una longitud aproximada de 25 metros desde la parte superior de la cámara hasta una cota próxima a la cima de la montaña. Son las embocaduras del sol y la luna. A través de ellas se iluminará con luz natural (solar y lunar) la cámara central. Estan encajadas en las esquinas superiores opuestas a la entrada. Estas dos aberturas afloran en la superficie de la montaña, una en la vertiente norte y otra en la sur. Afloran a ras de suelo, sin ningún elemento externo que denote en la distancia su presencia, ni modifique el paisaje.        

                                                                                                                                       

                                                           

PROYECTO MONUMENTAL MONTAÑA TINDAYA

“Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia.

Un día surgió la posibilidad de realizar en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería vsible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente…

El apoyo dado por el Gobierno de Canarias a la idea escultórica reforzó mi ilusión. Creí que la obra no suscitaría controversia en el pueblo canario, al que pensé donar la escultura y mi trabajo en ella. Pero he comprobado que el proyecto escultórico despierta en muchos, resquemores y suspicacias imprevistos, una oposición dificil de evaluar ahora en su verdadera importancia, pero suficiente para mermar mi entusiasmo hasta desistir dela realización de la obra. Sin embargo creo que sería muy positivo mostrar al pueblo canario y a todo el mundo en una exposición de maquetas y dibujos lo que se pretendía hacer en Tindaya.

La escultura está concebida como un monumento a la tolerancia, como he dicho, y es una obra para el pueblo canario. No deseo, pues, que sirva como elemento de división, y menos aún como piedra de escándalo arrojada en luchas políticas, que no comprendo, y en las que no deseo verme envuelto.

Sólo me interesa el debate artístico, que lamentablemente no se ha producido. No he oido ni leido ninguna crítica desfavorable de la escultura que haya sido realizada por alguien que verdaderamente conozca el proyecto. Pero se que algunas personas que lo desconocen han afirmado que la obra destrozaría la montaña, cuando mi obra lo que quería era salvarla.

Quizá la utopía no pueda ser nunca realidad. Quizás otros lo consigan en otro lugar. O quizás la escultura, ese espacio amplio y profundo, accesible a la luz del sol y a la luna, lugar de encuentro de los hombres, pueda llegar al corazón de la Montaña Sagrada de Tindaya.”

Declaración de Eduardo Chillida enviada a la Prensa en Julio de 1996.

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Faraónico

Un Tindaya faraónico

Rafael Castellano
Maverick Press

Los últimos años de Eduardo Chillida transcurrieron en el tenebroso túnel de la demencia presenil que se define como síndrome de Alzheimer. Se trata de una angustiosa enfermedad mental carente de tratamiento específico que daña la memoria y la cognición (“a veces no reconoce a sus hijos o nietos” me refirió un pintor eibarrés muy próximo al ejercicio tan chillidiano del aguafuerte). Consiste el alzheimer en un envejecimiento prematuro del cerebro, de comienzos insidiosos, que puede tener lugar hacia la quinta o sexta décadas de la vida. Su exacerbación es gradual y lenta. El deterioro intelectual aumenta, progresivo, con perturbaciones del pensamiento, la memoria o el juicio práctico. No pretendo ensañarme, aviso. En la autopsia se revela la contracción de todas las circunvoluciones. Al microscopio se advierte un proceso degenerativo celular, causa de la afasia y apraxia. También se agregan “placas seniles” de materia amorfa en el cerebro y otros traumas degenerativos que concluyen con la muerte. Aunque lamentable, es preciso desmenuzar de forma rudimentaria la causa del fallecimiento del autor del Peine de los Vientos, el Elogio del Horizonte, el Lugar de Encuentros de la Castellana de Madrid y mucha más obra. Exhaustiva. Omnipresente en todo el mundo. La hay hasta en Hollywood, San Francisco, San Diego, la Jolla, gracias a su ‘manager’ en la zona, el expelotari Tasende, alias “Nervión”.

Dispone de marchantes en todo el orbe y quienes ahora van a regentar su obra, galeristas, parientes próximos, transaccionistas, expertos, críticos, comisarios y demás equipo tienen tarea para rato. Ahórrense los responsos.

Como se supondrá, ya existe la Asociación de Familias de Enfermos de Alzheimer; familias en uno de cuyos miembros recae tan terrible discapacidad. Mi tío Antonio era la persona más honrada y bonachona del mundo, y todo el mundo sabía que sufría de alzheimer, y que mi tía Maruja, su esposa, estaba pasando un calvario tremebundo. Pero mi tío Antonio sólo era telegrafista retirado y, en fin, las consecuencias sólo eran lamentablemente humanas.

Sin embargo, si se trata de un creativo celebérrimo, celebrado, agasajado, premiado, casi deificado, se crea el tabú. Este dato que encabeza, el alzheimer de Chillida, se publicó en exclusiva, dulcificado y sin grandes destaques ni despieces, en la desaparecida revista “Ardi Beltza”. Nadie se hizo eco. Ahora se cumple el aniversario de la defunción de Chillida y quien esto redacta ha intentado desbrozar todo el papeleo mediático referido al respecto, con cierto olor a incienso por cierto; y nada, sigue siendo yúyu.

Nadie relata ni deja caer el diagnóstico concreto de las dos muertes de Chillida. Una por la enfermedad inhabilitante citada, hará de ello una década o quizá más: fue la muerte del creativo; y la física, la llamada natural o paro cardíaco que lo llevó a su sepulcro de Chillida Leku en Zabalaga, Hernani, hoy lugar mágico de esparcimiento y evasión para quien allí deambulea.

Pese a todo, el Tindaya

Se me viene a las mientes un caso similar e histórico dentro de la leyenda de los grandes fósiles del Arte. El de un tal Michelangelo Buonarotti, Miguel Angel, cuyas cervicales torturaron sus últimos trabajos. Trazos de Buonarotti en la Capilla Sixtina, en lo alto de la bóveda, los realizó el renacentista con la nuca rígida, tumbado en un andamio boca arriba. No es vergonzante: es heroico. Hasta puede que se exagerara y mitificara en una época en que los Papas y reyes contraían el ‘haut mal’ (purgaciones) y se hacían públicas, y se les enviaban condolencias. Hoy en día el alzheimer viene a ser, en más grave, una diabetes o un parkinson. La causa última de que se silencie masivamente nos incita a pensar en latín, ‘qui prodest?’ ¿A quién beneficia? No sin reflexionar que un gestual abstracto como De Kooning, creador de la Escuela de Chicago, expresionista feroz y obsesionado con la anatomía femenina, precede a Chillida en los artistas de renombre aquejados del incurable mal de alzheimer. En sus últimos días, a De Kooning se le sentaba frente a un lienzo con brochas y pigmentos y se le dejaba manchar a su bola. Chillida, ay, es la antítesis: la estructura.

Quizás ocurra que hay dolencias y condolencias, y que algunas arrastren consigo el fetiche. Me hiere los dedos plasmarlo, pero el fallecimiento de Chillida debía por fuerza responder a unos cánones de márketing preestablecidos: una agonía espiritual; un tránsito teresiano, jerónimo. Y debía, de eso que no faltara, seguir exponiendo después de morir. Pero sobre todo, en contra de una opinión masiva ante todo canaria y después pública sin trasfondo obligatorio de ecología, la parca no podía eximirle de llevar a cabo trabajos faraónicos, de semidiós, como la famosa perforación del Tindaya. Y el alzheimer de un intelectual (que lo era) pone en duda esa intelectualidad y la condición fundamentalmente estética, sin intereses fraguados a sus espaldas, que constituye la coartada del proyecto-Tindaya.

El hombre que murió dos veces ya no puede firmar su pirámide isleña. No obstante lo cual, tanto como se calla la enfermedad letal que nos dejó sin Chillida, sus herederos y el apoderado del legado chillidiano en el IVAM de Valencia, Kosme de Barañano, afirman que seguirán en el empeño y que “en este momento está en la fase geológica del asunto”. ¿Sólo geológica? Pues será un chillida sin Chillida, ajeno a Chillida y plagado de polémicas, dudas, iras y desasosiegos. Ahora se trata de investigar si un Eduardo Chillida sano y lúcido concibió “aunar poesía y naturaleza”, pleonasmo que se cae de su base, o si fue después de los primeros síntomas. ‘In dubio pro reo’. Pero ese silencio en torno al alzheimer ya cobra visos de ‘omertà’.

Para colmo, Kosme de Barañano busca chivo expiatorio y, en el diario vasco “Deia”se queja ante los informadores –y éstos lo reproducen– que “esta investigación [geológica] tenía que haberse hecho antes de suscitar la polémica a través de los medios de comunicación”. Me deja perplejo tamaña insensatez. Es la apología de los hechos consumados y del fomento de obras públicas no expuestas a la opinión ciudadana.

Con o sin Chillida, le harán la biopsia al Tindaya desdeñando la intuición colectiva de quienes aman la estructura caprichosa de la naturaleza aludida sin aditamentos ni ortopedias. Recuérdese que Ibarrola pintó un monte ajeno sin permiso del agricultor, y buena se armó cuando éste taló sus troncos sin extasiarse ante su aspecto ya sublime. Cosme Barañano asevera que el proyecto-Tindaya es posible sin disponer aún del informe geológico y sin darse cuenta de que la chusma insensible no comprende que se le pueda entregar así como así un accidente geográfico a una Fundación Artística. Ahora que el personal empieza ya a respetar las estalactitas, de lo menos que puede tachársele es de mal ejemplo.

Un esteta debería juzgar que la montaña es bella por ser montaña. Lo del vacío interior como ‘memento homo’ u ‘omnes vulnerant, ultima necat’ son adornos postmortem y patafísicos que a saber qué tramas endoturísticas empañan. Nos hallamos en pleno megalítico del sector terciario y, visto Bilbao, todos quieren un Guggenheim que les saque de la estrechez.

Mucho menos va a encajar la ciudadanía que se ejecute el proyecto de un artista que, digámoslo alto y fuerte, porque humillante no es, fue a fallecer por un proceso irrevocable y muy largo de la enfermedad de Alzheimer. Que incapacita y produce brotes paranoides. Personalmente, ya tengo bastante con haber visitado el Valle de los Caídos. El Guadarrama descompuesto. Debo confesar, a fuer de sincero, que la analogía entre ambas megalomanías, Cuelgamuros y Tindaya socavado, surge casi por reflejo y sin animadversión previa.

Plusvalía macabra

La única persona que se aproximó a dejar en el aire, muy sutil, la idea del parkingson de Chillida el criminólogo y jesuita Antonio Beristain. Otro metafísico. En Zabalaga, o Chillida- Leku, el museo-Chillida para entendernos, empezó por afirmar que la obra de este autor era “perfecta”. Luego se contradice. “No puede quedar como un fósil, como algo terminado”. Lo compara con Cervantes y casi salta la liebre: “Como él, no sabía el todo ni el por qué de su obra”. Hay que ver lo que traiciona la lengua. Lo remató: “Nuestra misión es descubrir todo lo que Chillida enriqueció sin saberlo”. Faltó un pelo.

Nadie ignora que, macabra plusvalía, las ptomaínas favorecen el alza de los precios.

Sabemos por experiencia que cuando un divo de las musas cae bajo la guadaña de Hécate, la cotización de su obra, la que sea, experimenta una subida de tarifas escasamente misericordiosa. La palabra marchante tiene raíces absolutamente mercantiles y sabido es que no hay muerto malo. Vayamos a los precedentes, a la chispa que encendió este fenómeno del alzheimer de Eduardo como secreto de estado que roza aún lo palaciego.

“Peor que si estuviese muerto”

Este reportero recorría el recinto de la Feria “ARCO-99″ cuando se vio ante el ’stand’ de la Galerie Lelong, París, con sucursal en Nueva York. Lelong posee, después de Telefónica, una de las más variadas colecciones de chillidas prealzheiméricos. Me vi ante un murete de, pongamos, 2×1 metros de altura, en terracotas ocres y negras engarzadas cuyo mayor mérito residía en que ¡no parecía un Eduardo Chillida! Se salía de la norma. Solicité de M. Lelong, cosa de contrastar los precios del año anterior, que me dijese el del mínimo muro de terracota. “63.000 euros”. Había obra de Tàpies por allí cerca, más trabajada, de mayor envergadura, menos monástica. “¿Cuánto es el Tàpies?”. M. Lelong consulta una libreta. “¿Este? Sale por 56.000″. Un Tàpies tan atractivo y tan por debajo en cuanto a costo resultaba sospechosísimo.

Carecía de lógica y de criterio. Tras otro merodeo, regresé donde el receptivo marchante parisino y me dispuse a fotografiar murete-Chillida y mural-Tàpies. “¿Esa obra gráfica?”, le pregunté a Lelong: “En pesetas, millón y medio”. Eran grabados chillidianos de su estilo inconfundible y relativamente baja tirada. Aún así, en el Día de la Prensa, Profesionales y Coleccionistas, varios de estos últimos se quejaron sin disimulo de las tarifas (no del valor) de los grabados del de Hernani. En “Estampa”, otro tanto. Sigamos en “Arco-99″ con M. Lelong.

“¿Y esos de Saura?” Los grandes comerciantes y traficantes en arte de ARCO suelen ser rígidos y bordes con los preguntones. Pero como los modos y modas gringos imperan, yo llevaba prendida en la chupa una etiqueta plastificada con el nombre del medio que me enviaba, un medio vasco. “Hay sauras desde 6.000″.

Y comenzó la charla, los antecedentes futbolísticos de Chillida en la Real, como guardameta . Y así como si viniera a cuento, se pone serio, lúgubre: “Sabez vous qu’il est très malade?” Repliqué haciéndome el longuis que había oído que se resentía de la lesión que le retiró de debajo de los palos y lo introdujo de lleno en las artes plásticas. “Non, non!!”, y M. Lelong realiza el signo universal del índice en la sien. “Alzheimer! Il est malade d’Alzheimer!! ” Chillida estaba como muerto en vida, ergo cotizaba más. Macabra plusvalía, sí.

Era el puntazo; pero sin confirmar. Me dirigí a un artista vasco, un entendido, uno de quienes estaban en el secreto y se guardaban de propalarlo como si de una maldición de la momia se tratase. Porque me lo explicó en un susurro, allí, en un recinto donde el hormiguero humano retemblaba. “Es que es peor que si estuviese muerto, ¿comprendes? Imagínate que se quedara manco, como su hijo” (un hijo de Chillida perdió un brazo en accidente de moto y ha habilitado, tiene enorme mérito, el izquierdo para pintar telas muy dignas e íntimas ). “Podría dirigir, construir, elaborar verbalmente. La familia Chillida es un colectivo capaz de materializar chillidas orales. Pero esto es distinto, es más grave”. “Excepto para los galeristas”. “Así es. Y se veía venir por su introspección, sus depresiones y porque uno de los signos del alzheimer es la vulnerabilidad ante las intoxicaciones: en Menorca le sentó mal un marisco y un médico allí presente empezó a preguntarse cosas”.

Así quedó lanzada la primera piedra al estanque, con el alzheimer de Chillida ya tan avanzado que no hablaba por la radio y en la TV aparecía rígido y con la sonrisa pálida de la sedación. Ya se explicaba la imagen de reconciliación con Oteiza, su involuntaria rigidez contrastando con el abrazo del oso de Orio. Chillida no imitó a Oteiza, sino que ambos plagiaban a Moore a su aire y, claro, sus obras terminaron pareciéndose. “A veces tienen, los enfermos de Alzheimer, reacciones bruscas”, observó uno de los doctores consultados para verificar el estruendoso rumor. “No hay tratamiento, sólo administrarles calmantes”, indicó otro médico muy próximo al escultor hoy difunto.

Un amigo íntimo suyo, antiguo galerista, artista plástico a su vez, fue testigo de la lamentable paradoja de que una personalidad tan dinámica como mística y tan universalmente célebre llevase una cadenilla con su identificación: “Mi nombre es Eduardo, vivo en…” Para cuando salía a pasear por los aledaños de Igeldo y Ondarreta. Por si se perdía en el laberinto de sí mismo. El último psiquiatra que me comentó el asunto se volvió a la enfermera y dijo: “Es curioso, lo sabía todo el mundo y sólo lo decían sus sobrinos”. Pero no se publicaba. Estando aún en vida, puede explicarse.

Ahora que ha pasado un año se sigue obviando la causa de su muerte prematura, se manipulan los proyectos inacabados para el túnel del Tindaya, se amenaza con concluir lo inconcluso y se olvida que lo que los artistas dejan en herencia es lo enclavado o archivado. Nadie puede rubricar la intención plástica de otro. Quedan el ejemplo, las tendencias, las líneas maestras. Por decirlo de forma musical, la Décima de Beethoven es la Primera de Brahms. Y a nadie se le ocultaba que aquél sufría de sordera y tenía el hígado como un corcho. Una cosa es eludir el morbo, evitar el amarillismo cruel, y otra la demonización del mal de Alzheimer o demencia presenil por medio del silencio, y todo ello al cumplirse un año de la muerte de un creativo que lo soportó como pudo y sin que muchas personas ajenas a los corrillos del arte comprendiesen por qué su señora, Pilar Belzunce, hablaba por él ante los micros, por qué rechazaba interviús imposibles en vis a vis y sobre todo el por qué de aquella expresión suya tan inexpresiva, tan de foto de carnet de DNI. De DNI anónimo.

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No hubo delito (hubo estafa)

La ‘Montaña Sagrada de Tindaya’. Deshonestidad y Corrupción.

Archivado en Canarias • Fecha: 10-09-2006 20:21:53

tindaya / Canarias Insurgente.- En estos días hemos podido saber que no hubo “delito” en el caso tindaya según un fallo judicial. En el mismo se hace pagar las costas del proceso a la organización ecologista Benmagec (Ecologistas en Acción). Canarias Insurgente, ante hechos deleznables como este, se pronuncia contra el auto judicial que condena a Benmagec, máxime cuando políticos como Julio Bonis expresaron en su momento, que el caso tindaya: “era el mayor escándalo de la historia de la Comunidad”, no olvidemos que hablamos de una cantidad de 2.000 millones de las antiguas pesetas que literalmente desaparecieron, lo que en el año 2000 se denunció profusamente en la prensa regional.

Hace cuatro años -en agosto de 2002- que Eustaquio Villalba Moreno, portavoz de la Asociación Tinerfeña de Amigos de la Naturaleza (ATAN), en un artículo aparecido en la web de la organización ecologista titulado ‘Chillida y tindaya hacía un análisis pormenorizado donde ‘La Montaña Sagrada de tindaya‘ quedaba asociada al mal de nuestra sociedad: la deshonestidad y la corrupción.

En la edición de hoy de ‘Diario de Avisos’, aparece un artículo de Carlos Padilla: ‘Montaña’, donde entre otras cosas podemos leer: “…el hedor de la impunidad envuelve a los ciudadanos, estupefactos ante el extravío asombroso de tanto dinero, convencidos de que si después de esto no ha pasado nada no tiene sentido mantener en el Parlamento regional tres comisiones de investigación abiertas, pagando un sobresueldo a veinte diputados: si el atraco a una montaña pasó desapercibido, cómo no va a suceder lo mismo con el saqueo del viento, invisible y en constante ajetre”

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Por Jesus Giraldez Macia

Se ha lanzado una nueva ofensiva sobre la Montaña de Tindaya. Parece que la definitiva. Desde hace más de diez años la clase política canaria, adicta a las obras faraónicas, se ha empeñado en agujerear ese espacio natural y cultural protegido bajo el pretexto de regalar a Fuerteventura una pretendida obra de arte de un artista fallecido. Para llegar a tal objetivo nuestros políticos no han dudado en mentir, en robar, en dilapidar los fondos públicos, en cambiar leyes, en obviar informes científicos, o en impedir su total y necesaria protección.

Hace unos días, Luis Chillida, hijo del artista que tuvo el sueño que ha dejado insomne a Tindaya, ha declarado que los sondeos confirman la viabilidad técnica para amparar en su seno un cubo –la obra de Chillida no es más que eso- de cincuenta metros de lado. A pesar de habérsele pagado de nuestros fondos públicos 1’5 millones de euros, la empresa adjudicataria no ha tenido ni la decencia ni la actitud ética de venir a Canarias a informar a la ciudadanía sobre las conclusiones de las perforaciones. La noticia, divulgada en exclusiva a través de un periódico madrileño, contenía una afirmación al tiempo ridícula y espeluznante: no sabremos lo que nos encontraremos hasta que no empecemos a agujerear la Montaña.

Este es sólo el último episodio de un inverosímil culebrón que se inició hace 12 años y que ha dejado por el camino el mayor caso de corrupción política en Canarias, todavía irresuelto. A estas alturas es conveniente analizar algunas de las declaraciones realizadas por algunos personajes públicos, obcecados con vaciar las entrañas de Tindaya, desde que el entonces viceconsejero de cultura del Gobierno de Canarias, el majorero Miguel Cabrera, declarase que con la obra de Chillida a Fuerteventura le ha tocado la lotería.

A raíz de las recientes afirmaciones de Luis Chillida, el presidente del cabildo majorero, Mario Cabrera –que en sus años de juventud rebelde se encaramó en la Muda para impedir la instalación de un radar- ha declarado exultante que la obra de Chillida se hará cueste lo que cueste, aunque el costo sea la descontextualización definitiva de uno de los espacios naturales y culturales más representativos de Fuerteventura, eso que su partido considera, en el discurso propagandístico ultraperiférico, como una de las señas de identidad de nuestro pueblo. El socialismo insular tampoco queda al margen: Domingo Fuentes, vicepresidente del Cabildo ha declarado que la obra –en realidad más de ingeniería que de arte- se debe hacer urgentemente. Felices coincidencias con las declaraciones que hace unos años realizó, antes las dudas del artista, otro personaje relevante: voy a convencer por todos los medios al señor Chillida para que esa obra se haga por encima de todo. Aunque parezca lo contrario tal sentencia no la pronunció ningún matón pendenciero, ni siquiera un fanfarrón barriobajero, son palabras del entonces presidente de Canarias, Manuel Hermoso Rojas.

En 1992 las canteras estaban destruyendo la Montaña de Tindaya. Entonces, antes de que Chillida tuviera su infeliz ocurrencia, sólo los colectivos ecologistas y los profesionales de la arqueología denunciaban su expolio. Como respuesta a las denuncias alguien dijo: el interés de las empresas extractoras de piedra es totalmente legítimo. Se pueden compatibilizar los intereses sociales que puedan surgir de la explotación de piedra ornamental al tiempo que conservamos nuestro patrimonio. Tal insostenible equilibrio entre taladrar la Montaña y proteger sus valores no fue defendido por ningún accionista de las canteras sino por el consejero de cultura del Cabildo de Fuerteventura –y posterior presidente- Mario Cabrera.

Los resultados de los sondeos –que no se han hecho públicos- están, como todo lo rodea el proyecto de Chillida, bajo sospecha, puesto que su realización fue concedida sin concurso público a los Estudios Guadiana, empresa que, por los vínculos familiares y de amistades, es la principal beneficiada de que el vaciado de la Montaña de Tindaya se produzca. Unos sondeos innecesarios puesto que, hace ocho años, el parlamentario majorero de coalición canaria José Miguel Barragán manifestó que el Gobierno tiene en su poder un informe de una prestigiosa empresa de prospecciones mineras que asegura que la obra de Chillida es factible. Tal misterioso informe jamás vio la luz pública, de hecho nunca existió, aunque el Gobierno de Canarias destinó para su realización una purriada de millones de pesetas que sorprendentemente se volatizaron, aunque con posterioridad se condensaron en algunos bolsillos político – empresariales.

Pero quizás las más dolorosas argumentaciones a favor de que la insensatez prospere y que la obra de un artista ya fallecido pase por encima de siglos de cultura y milenios de naturaleza, sean dos premisas reiteradas: el complejo de inferioridad de nuestras élites políticas y su continua sumisión al dios del turismo. En este último caso baste recordar que en 1998 José Miguel Barragán anunciaba que las obras empezarán antes de finalizar el año porque se trata de un proyecto vital para el desarrollo turístico de Fuerteventura. Muy vital no debía de ser porque, ocho años más tarde, el turismo mantiene en Fuerteventura toda su fabulosa y desarrollista actividad. Pero sugiere la coartada demagógica para los intereses perversos: sacrificar nuestra cultura y nuestra natura e impulsar la peregrinación turística hacia la caverna grandilocuente. Por cierto, en el acuerdo propuesto hace algún tiempo con la empresa explotadora del monumento se incluía una cláusula de garantía –envidia de jugadores galácticos- según la cual el Gobierno garantiza un número mínimo de visitantes por año, por si hubiera una crisis turística.

El complejo de inferioridad elitista canario tiene su constatación en el modelo victimista adoptado históricamente y en la reiterada creencia de que, salvo los bailes de magos, las romerías y los carnavales, todo lo externo (que venga rodeado de dinero) es mejor. Tindaya es un ejemplo más: desde el desprecio al que han sometido a toda la comunidad científica canaria que se ha opuesto al proyecto de vaciado (especialistas en arqueología, ecología, geología, geografía, astrofísica, botánica, biología, historia o antropología) hasta la contratación como asesor medioambiental de los sondeos, ni más ni menos, que a Francisco Díaz Pineda –presidente de ADENA- quien, en unas impresionantes manifestaciones científicas, aclaró que antes estaba en contra del proyecto, pero después de hablar con Chillida me convencí.

Pero quizás la más explícita ilustración del complejo de inferioridad ultraperiférico sea la contenida en los folletos oficiales que justifican el vaciado de Tindaya: En Fuerteventura existen escasos lugares de interés cultural. Sobran comentarios: estamos gobernados por mediocres que consideran que el arte y la cultura es vaciar una montaña y no esos pies grabados hace siglos en sus piedras, vestigios de bárbaros ilustrados, de salvajes incivilizados que imploraban lluvias y que respetaban la naturaleza porque, sumidos en las tinieblas, consideraban que ellos y la naturaleza eran lo mismo. Somos un pueblo sin cultura, pero gracias a Chillida, a sus herederos y a nuestros políticos, por fin saldremos, como el aforismo aznariano, del rincón de la Historia.

Jesus Giráldez Macia es el autor del ensayo Tindaya: el poder contra el mito en la obra colectiva i-dentidad (Artemisa ediciones)
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Proyecto

“Hace años tuve una intuición, que sinceramente creí utópica. Dentro de una montaña crear un espacio interior que pudiera ofrecerse a los hombres de todas las razas y colores, una gran escultura para la tolerancia. Un día surgió la posibilidad de realizar la escultura en Tindaya, en Fuerteventura, la montaña donde la utopía podía ser realidad. La escultura ayudaba a proteger la montaña sagrada. El gran espacio creado dentro de ella no sería visible desde fuera, pero los hombres que penetraran en su corazón verían la luz del sol, de la luna, dentro de una montaña volcada al mar, y al horizonte, inalcanzable, necesario, inexistente…”

 

Con estas palabras define Eduardo Chillida , en julio de 1996, su idea del proyecto, basado en el concepto de crear un lugar introduciendo el espacio en la materia, que va a representar la culminación de la obra del artista y que, por sus singulares características de escala y ubicación, está destinada a convertirse en un hito que será necesario conocer y analizar para evaluar el conjunto de la producción de uno de los escultores contemporáneos más importantes del mundo.

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